Hola, soy un joven ecuatoriano de 21 años y les voy a contar un poquito de mi historia con TOC Puro. Si hago memoria no sé desde cuándo tengo TOC pero se me desarrolló de gran medida en la cuarentena...
Un día toqué fondo y descubrí qué era lo que tenía y cómo atacarlo. No tenía dinero y estaba devastado, me sentía muy mal, me dormía pensando en eso y me despertaba pensando en eso, 24 horas del día con lo mismo. Pero no me podía permitir rendirme aunque mi cabeza quisiera solo dormir para no pensar. Logré hacerlo parcialmente eliminando las compulsiones y observando mis pensamientos con mucho quemeimportismo, fue muy difícil pero lo logré. Todo me fue de maravilla, había logrado pasar la peor etapa de mi vida, me sentía fuerte y valiente… hasta que después de un año tuve una recaída, en la cual el pánico y la incertidumbre fueron mis peores enemigos. Esta vez me incapacitó de una manera exponencial que no podía hacer nada en mi vida personal, pero tenía esa pequeña esperanza que si lo pude vencer una vez lo podía hacer de nuevo. Esta vez fue diferente, sabía que mi recaída había sido porque mi recuperación no fue 100% completa, me faltaban muchas cosas que aprender, así que decidí buscar ayuda profesional, quise encontrar a la persona indicada; ya que antes había contactado con un psicólogo y él no tenía ni la menor idea de lo que era el TOC, y estuvo a punto de hacerme creer que mis pensamientos eran «deseos míos interiorizados» jaja.
Bueno, empecé a ojear y encontré a la psicóloga Vanesa especializada en TOC y decidí empezar la terapia, fue un proceso inicialmente difícil, pero a la vez de mucho aprendizaje. Entendí que lo que mantiene viva a cualquier obsesión es la compulsión, y es ahí donde se empieza a trabajar.
La EPR fue fundamental también, ya que es una especie de vacuna a cualquier pensamiento, el cerebro se termina hartando y aburriendo de eso que tanto te atormenta hasta que los síntomas se van reduciendo y llevándose el pensamiento consigo.
Todo esto parece ser un infierno eterno, pero les puedo decir que se sale, parece que no, pero les juro que se acaba y te terminas olvidando de que lo sufriste algún día. Ya no tengo miedo que venga un pensamiento a mi mente porque tengo conocimiento y práctica.
El trastorno obsesivo compulsivo marcó mi vida, parecía no tener una escapatoria, pero sí la hay. Sólo les puedo decir que no soy lo que pienso, soy lo que hago, soy mis principios. Al día de hoy sigo con mi tratamiento pero vivo mi vida normal como lo era antes de sufrir esto, es más, agradezco haber tenido TOC porque fue un balde de humildad y eliminó todo el estigma que tenía acerca de las enfermedades mentales. Quiero viajar, aprender, ayudar, jugar, reír, cantar, bailar. Es verdad que no hay sol más bonito que el que sale después de la tormenta.
Me quedan cortas las palabras para describir mi proceso de sufrimiento, aprendizaje y superación, sólo me queda agradecer y recomendar el trabajo de la terapeuta, ya que desde el primer contacto se notaba que estaba familiarizada con la mayoría de las obsesiones que suelen incapacitar a las personas, con discreción, experiencia y mucho conocimiento.»

